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Vía|NerdyShirts

Audrey Kawasaki Audrey Kawsaki es una artista de Los Angeles afincada en Nueva York que alterna la pintura y la ilustración con maestría. La angelina posee un estilo muy marcado, de esos que crean marca. Sus pinturas son un compendio de inocencia, sensualidad y melancolía que expresa a través de imagenes de jóvenes, mitad niñas mitad mujeres, que con un vacío en su mirada parecen posar con objetos que las atan al mundo real, aunque estos sean a veces en sí mismos desconcertantes. Los vérgeles y los animales son los asiduos compañeros de los personajes de Kawasaki. Cuando hablamos de su estilo marcado nos referimos no solo al de su técnica pictórica si no también al soporte que utiliza en sus pinturas. Kawasaki pinta sobre laminas madera con los vordes redondeados dejando traslucir las vetas de éstas y haciendo que formen parte de la obra. La tonalidad pastel también es la otra característica fija que hace de una obra de Kawasaki fácilmente reconocible. Su propia web es un refejo de ello. De visita obligada allí encontraréis no sólo una gran cantidad de sus cuadros, si no también muchos de sus bocetos en papel donde hay cosas que se salen de sus raíles habiuales y en la sección miscelaneas también encontrarás fotos de su estudio y de como afonta su trabajo esta particular artista. También posee un blog en live journal donde cuenta sus andanzas.

Pero ante estos artistas con un estilo tan marcado siempre te surge la duda de si con el paso del tiempo las sugerentes lolitas de Kawasaki no dejaran de llamar la atención y sus poses homoeróticas se convietan en algo tan manido que provoquen indiferencia, como le pasó a Jordi Labanda que no sé si por su hastío de la ilustración se tuvo que volcar en otros senderos profesionales. Aún así las obras de Kawasaki no son muy caras y quien sabe lo que pueda pasar así que no es mala opción decorar tu casa con una. En los comentarios nada de chistes sobre la moto homonima que bastate me ha costado abstenerme a mi.

Tuertos de Cine ¿Uno mejor que dos?

Una de las más grandes coincidencias de la historia se dio en los albores del cine. Cuando este empezaba a formarse y ser un vehículo de cultura estableciendo las reglas que hoy se siguen, o eso dicen, durante un gran periodo de tiempo la mayoría de los directores que estaban en la primera linea de fuego, ya fuera por su éxito y ser la estrella del estudio o por innovar y romper fronteras de celuloide compartían una curiosa característica, más propia de otras profesiones como una que aúna el mar y los loros por ejemplo. Y es que se dio la circunstancia de que una gran parte de los directores que pusieron en pie este tinglado eran tuertos.

Estamos hablando de pesos pesados como John Ford, el considerado por no pocos como el mejor director de cine de la historia. Director de La diligencia, El hombre que mató a Liberty Vallance, Las uvas de la iras, Río Grande o Que verde era mi Valle. Y posiblemente el arquetipo del director tuerto. Ya que la imagen que ha perdurado de él es la del anciano director con su parche tras sus gafas y sus malos humos.

Pero hay unos cuantos más. Como el camarada de Ford Raoul Walsh. Éste empezó en el mundo del cine a la par de Ford como alumnos de Griffith. Walsh es responsable de Tambores Lejanos, El mundo en sus manos o Al rojo vivo, y era otro que no dudaba en lucir su parche incluso más que Ford, ya que lo llevo desde bastante joven dándole a su cara de estanquero bonachón un punto de misterio.

Pero la cosa no acaba ahí el caso sin duda más curioso es del de Fritz Lanz. El autor de Metrópolis, M el Vampiro de Dusseldorf, Perversidad o Furia es más conocido por otro uso ocular icónico ya que ha quedado ligado a la historia como el director con monóculo, pero es que Lang también era tuerto y en su vejez ostentaba de una manera casi rococó el parche y el monóculo de manera que solo le faltaban unas gafas y unas lentillas para tener el pack completo.

Pero la cosa no acaba ahí eran tuertos también Nicholas Ray responsable de Rebelde sin Causa, Johnny Guitar o 55 días en Pekín. Al igual que Samuel Fuller; Manos peligrosas, Forty Guns; y también de André de Toth; Los crímenes del museo de cera, Pacto de honor; los cuales tenían la marca común.

Seguro que se me escapa alguno más, pero es muy curioso, si estos cineastas realizaron tantas buenas películas sin necesidad de visión de profundidad quizás ahí esté la solución para remediar la escasa calidad del cine últimamente. La cosa es ir con un tenedor saltándole un ojo a todo director que nos crucemos y si no conseguimos aumentar la calidad por lo menos nos hemos vengado de la bazofia que mandan algunos.

¿Tienen tendencias suicidas los animales? Y más allá ¿Desean que su muerte sea ser cocinados y comidos por humanos hambientos? Parece ser que sí si echamos un vistazo por Suicide Food, un blog que ha ido recopilando logos de restaurantes donde se muestra a animales en actitudes provocadoras, casi chulescas, deseando que le hinques el diente. Así y todo hay una clasificación y como de la guía Michelín se tratara se entregan horcas, de una horca que expresa un caso levemente preocupante a cinco que sería un grave caso patológico. Rebuscando se encuentran casos muy divertidos como en GRILLS Gone Wild que se mezclan dos instintos básicos humanos en uno.

Imagínate que estás concursando en Alla tú, versión española del Deal or No Deal. Has soportado a todos los plastas que participan y has llegado a la última caja. Sólo quedan dos premios 1€ y 1.000.000 €. Tú pulso se eleva hacia el infinito y la musiquilla de tensión te está a punto de matar. Entonces Jesús Vázquez te da una opción, la de cambiar de caja. ¿Qué harías?

Esto no se sí ha pasado, no creo, pero ateniendonos a una serie de condicionantes es parecido al Problema de Monty Hall. Este problema se basa en un antiguo concurso americano y toma su nombre del presentador del mismo. En este concurso al jugador se le ofrecen tres puertas detrás de dos de ellas hay una cabra y en la restante un fabuloso coche. El concursante elije, por ejemplo, la nº1 y acto seguido Monty le descubre que detrás de la nº 3 hay una cabra. A continuación le ofrece la posibilidad de cambiar de puerta, esto realmente no pasaba en el concurso americano, pero en el problema es una condición. La solución sería cambiar de puerta ya que aunque parezca una paradoja eso aumenta nuestras posibilidades. Y es que una vez hecha nuestra decisión tenemos 1/3 de posibilidades que que el coche esté en nuestra puerta y 2/3 de que este en alguna de las otras. Pero al abrir el presentador la otra puerta las probabilidades no se vuelven al 50% como la lógica haría creer si no que sobre la puerta que no ha abierto recae la opción de 2/3 de que esconda el coche. Por eso lo que tenemos que hacer es cambiar de puertas si queremos aumentar nuestras posibilidades. Esto que puede parecer dififil se entiende mejor si imaginamos que en vez de 3 hay 1000 puertas. Escojemos una y Monty nos muestra el contenido de 998 puertas con sus correspondientes cabras dejandonos sólo nuestra puerta y otra. La nuestra tendría 1/1000 y la otra 999/1000 de tener el coche.

¿Pero esto sería lo mismo en nuestro ejemplo del principio? La diferencia primordial es que en Allá tú el que abre las cajas es el concursante. Pero si la opción de cambiar de caja fuera una constante al final de todos los programa y no nos interesase nada más que el premio gordo yo cambiaría la caja sin dudarlo un segundo, aunque la estadística no estaría tan de mi parte como en el Problema de Monty Hall.