solar panel

Todo puede convertirse en puro glamour centelleante y exclusivo si uno sabe como. Es el caso de Jimmyjane, donde como ellos dicen where naughty is nice, sexy is smart. Y es que con las lineas y como te venden estos vibradores te imaginas con ellos hasta a la más recatada opuspepera. Lo último es una linea con diseños del genial dibujante Jamie Hewlett a los que les confiere su grandioso estilo. Como simples objetos ya son dignos de adornar tu salón, si a parte se le añaden funciones extras mejor que mejor. Lo que pasa es que los 274$ que cuestan la unidad y 1650$ el juego completo de 6, exceden mis presupuestos para sexo y arte de manera conjunta. Una lástima.

nirvana boy

Y la culpa de que me sienta así es de Victor Alfaro

Los cables están en extinción

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Frigo pie
A colación de uno de los últimos diseños de Lancoliame no hago más que plantearme una duda una y otra vez. El que inventó el Frigo Pie, ¿Que pretendía? No me digan que vender helados que ya estamos muy mayores para andarnos con cuentos de hadas. A los moderadamente fetichistas como el que escribe, nos parece un insulto el descaro impúdico con el que el heladero-fetish de Frigo, Wall’s o Algida según el país donde vivas, ha querido difundir esta parafilia para convertirla en una práctica de masas. ¡El fetichismo no es el Padel señor heladero-fetish! Al principio nuestro heladero artesano presento a sus jefes el modelo Frigo-Zapato-de-Tacón-de-Aguja, pero este daba demasiado el cante así que se decidió por el segundo icono del fetichismo mundial. El pie. Su plan era ponerlo en cada esquina, en cada quiosco. Con un color rosado, un sabor empalagosomente dulce y una textura suave y esponjosa al extremo, es como una idealización de la piel humana.

Y es que lo bueno del fetichismo, como casi todas las cosas buenas de la vida (en las sexuales ya ni te digo), es su clandestinidad y el frigopié es un atentado contra ella. ¿Quien se creía que era el heladero fetish? ¿Gutenberg? Acercando en fetichismo de los pies a la humanidad, a los abuelos sin dientes, a los niños, a tu madre… ¡No por Dios! Cada cosa tiene su sitio, y un paseo por el parque no es el sitio idóneo para degustar un pie. Y es que si me inquieta que el frigopié sea una maniobra de asimilación social de esta milenaria práctica, más me aterra pensar que no lo sea y que el propósito de nuestro heladero-fetish sea el de sentarse en un banco y entrar en éxtasis viendo a los jóvenes pasar lamiendo un pinrel rosa, goteante y pringoso, elevando la perversión a lugares inhóspitos. Eso mejor no imaginárnoslo por el bien común. Así que amigos, en su próximo ataque ochentero cuando vayan a lamentarse de que los polos de ahora no son tan chulos como los de antaño, no añada el frigopié a la lista del Popeye de limón, el Dracula y el primer Twister, vaya a ser que el heladero-fetish aproveche el revival para intentar hacer de las suyas.

Y del Frigodedo no digo nada porque es demasiado obvio, el mismo se delata.

Este tema de Los Tucanes de Tijuana, Jugo a la vida, esconde un grave peligro. Advertidos estáis. Y es que a uno empieza haciéndole gracia el tono nasal del cantante, la dualidad entre la vestimenta tradicional de un grupo de corridos y la de metrosexual de baratillo del cantante mostachón, y entre ji ji ji y ja ja jas al final se te mete en en cerebro cual gusano y pone sus larvas de ritmo haciendo que no puedas librate de ella. Pasa sobre todo cuando se va acercándose al final y empieza con las peticiones, que para mi entender en directo tienen que cambiar los inocentes refrescos y demás por algo más propio de un grupo que se marca narcocorridos tan buenos como este. Lo dicho si sus allegados los internan por ir haciendo el vaina por culpa de esta canción a mi no me vengan con las quejas que bastante tengo con los mormones. Con todos ustedes Los Tucanes de Tijuana con su Jugo a la vida: