23 June 2006

El blues del Bombo

En plena voragine mundialista, el entusiamo por la selección ha alcanzado cotas nunca vistas en España. La pasión por la roja está en cada esquina, en cada bar y plaza por donde te muevas, te persigue y se contagia, a pesar del runrún que todos tenemos en la cabeza de que caeremos, pero aún así la gente está emocionada porque hay una pizca de ilusión. Todos nos sentimos como Manolo el del Bombo. Pero y Manolo ¿Cómo se siente? El siempre ha estado al lado de la selección, animandola independientemente de su juego o esperanzas. Pero Manolo no es esa persona alegre y dicharachera que aparenta, Manolo arrastra su pena por el mundo vestida de roja alegría, porque el bombo de Manolo no suena a pasodoble, ni a jota, ni a sevillanas, el bombo de Manolo entona un triste blues.

    El blues del bombo

Manuel Cáceres Artesero, siempre fue un aficionado al noble arte del fútbol, ya animaba a equipos de tercera de Huesca, ciudad donde fue a vivir con cinco años este ciudarrealeño de nacimiento. Pero su vida dio un giro cuando llegó a España el mundial. Era 1982, Naranjito dominaba España con mano de hierro, y Manolo bajo su influencia tomó la decisón de seguir a la selección allí donde jugara. Y así lo hizo, recorriendo en autostop con su aparatoso instrumento musical, toda la piel de toro, en una impagable road movie con él y Naranjito de protagonistas.
Y aunque la película no termino precisamente bien, España cayó estrepitosamente en octavos pasando el grupo por una vergonzante ayudita arbitral, Manuel quedó marcado a fuego ya que en la ceremonia de clausura, un agonizante Naranjito ya casi sin fuerzas le sussurró al oido su terrible destino que Manolo aceptó estoico.

Casado y con cuatro hijos, la vida ya encaminada, la familia de Manolo tomo la hazaña mundialista como una anecdota, que le dió fama al cabeza familiar pero nada más. Pero nuestro hombre tenía otros planes. Siguió dandole al bombo, animando a una selección en que nadie cree hasta que el mundial de Méjico 86, empezó la tirantez con su familia. Algo se resquebrajaba y ni Butragueño, ni Michel pidían repararlo. La pena de Manolo empieza en 1987 cuando yendo a Austria, sufrió un accidente de automovil que lo llevó al hospital. Cuatro días estuvo y después de semejante susto al recibir un alta expedida a regañadientes por los medicos siguió su camino y llegó a tiempo de dar un recital de bombo. Esa fue la gota que colmó el vaso. Cuando volvió a casa su familia ya no estaba, Manolo se quedó solo.

Inasequible a la tristeza, no pudo negar el último mandamiento de Naranjito, y renunció a su familia por la selección. Y así ha seguido Manolo, mundial tras mundial, clasificaciones, Eurocopas, sub-loquesea, da igual él está allí. Tiene un bar en Valencia frente a mestalla, a veces se le ve en el estadio animando al Valencia C.F., pero más bien como un entrenamiento para no perder su don mivilizador de masas. Ha rodado anuncios para una cerveza polaca, lleva publicidad en su bombo y la federación le da entradas para todos los partidos y viaja en el avión de ésta. Aún así todo se le va por el equipo de sus amores.

Siempre que le hacen una entrevista o una camara se acerca algo más de para enfocarle en su ritual de los partidos, Manolo desprende una melancolía en sus gestos y palabras, afable y tranquilo, a todo el mundo que le quiera escuchar cuenta lo que este vicio le ha costado, y lo cuenta con la resignación del que sabe que seguirá así hasta que se muera. “Esto me lo ha quitado todo, la familia, el dinero…ya se que estoy loco, pero es lo que me hace feliz y ver que la gente me quiere…” y es que allí donde va es conocido, hace poco estuvo en Sudáfrica y lo llamaban por su nombre y él contaba lo feliz que fue cuando lo invitaron a la banda a tocar los timbales con ellos. Y ese es el pago que recibe Manolo, ser para todos Manolo el del bombo, estar en el imaginario colectivo de todo un país y más aún. Y aunque deje ese poso de tristeza por una vida que para la mayoría de nosotros sería vacía, el es feliz.

Por eso ahora que estamos con la emoción del mundial, vale la pena recordar a este hombre que muchos tildarán de patético botarate, pero que a mi me parece un entrañable ejemplo de una persona que lo da todo por lo que quiere,absolutamente todo. Y es que da igual que lo que quieras no signifique nada para los demás. Amar algo debe de estar por encima incluso de lo amado, para algunos es mejor sentir ese amor por una persona que por un deporte, hobby o cualquier otra cosa pero lo importante es querer sin condiciones. ¿Tú lo darías todo por amor? ¿Si tu fueras Manolo admitirias que la selección esté por encima de todo lo demás?. Yo no me atrevería.

Manolo el del bombo quiere retirarse en su mundial número 12, el numero que lleva en su camiseta, con casi 80 años. Y yo propongo que el lejano día que Manolo muera se le rinda un entierro de estado, envuelto en la bandera de su equipo y pais, y con la Copa del Mundo sobre su féretro, quedán 5 mundiales para que España gane tres y pueda enterrar a Manolo cual faraón con su más preciado trofeo. Así que ¡¡¡A por ellos!!!

2 Comentarios

1 cavalleto dijo el 23 June 2006 a las 6:51 pm

Apúntate una.
Brillante artículo.

2 Sitoxic dijo el 23 June 2006 a las 8:04 pm

Gracias Cavalleto

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