La muerte de la inocencia traerá un futuro inhóspito
Ayer me sucedió algo espeluznante. Iba caminando por la calle cuando vi un grupo de niños de entre 10 y 14 años, algunos con bici otros con un balón, lo típico de los niños en verano, o por lo menos lo que antes era típico. Pero según iba acercándome algo no me cuadraba en la escena. El balón y la bici solo servían de asiento, todos estaban quietos discutiendo acaloradamente, bueno todos no, uno justo detrás de la tertulia al que sólo alcanzaba ver la cabeza estaba mirando al sus pies fijamente. La curiosidad me podía cada vez más así que mientras iba aproximándome al grupo juvenil ralentizaba mi marcha fingiendo estar atraído por la impetuosa obra arquitectónica de unos pisos de VPO de 1979. Estaba preparado para cualquier cosa, más cuando vi lo que el callado chico que miraba a sus pies estaba haciendo, los miraba porque estos se movían descontroládamente de un lado a otro sin seguir ningún patrón ni destino. Pero no hablaban de drogas, ni de atracar a alguien, por desgracia no. Mi sangre se heló al escuchar:
-No tontolculo- los niños son muy faltones- son dos pasos derecha y después uno izquierda
-Serás burro, que lo tengo grabao y hay que dar medio giro entre los dos, que lo dice Poti - le contesto uno del grupo engominado y con una camiseta sin mangas
Entonces todo empezó a encajar como un enorme puzle sideral. Los muchachos discutían sobre pasos de baile y seguían las enseñanzas de su gurú Poti, y el pobre excluido del grupo no es que estuviera colocado o estuviera imitando al último guerrero. El pobre era el arrítmico compañero ensayando frenéticamente para ponerse al nivel de sus compañeros. Entonces aceleré el paso temiendo que se pusieran a danzar en cualquier momento. Y es que ¿Que futuro le espera a esta juventud? Ya los veo chasqueando sus dedos en simétrica formación, buscando camorra con ritmo al estilo West Side Story. Y ahora más que nunca es necesario comprarles una playstation y que no salgan de su casa, es la última esperanza. Desde aquí suelto una lágrima perdida entre las miles de victimas inocentes de Mira quien baila y alzo un grito de ¡NUNCA MÁS, PAREMOS LA BARBARIE!








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